Un policía recorre las veredas del hogar San Roque de punta a punta. Cada tanto se detiene en la puerta del antiguo edificio, ubicado en avenida Ejército del Norte al 1.900, y luego vuelve a salir. Aún así, los delincuentes entran a robar cada vez que se les antoja.
“Estamos hartos ya; cada 15 días nos entra alguien por calle Venezuela o por la México; es zona liberada”, se quejó Eugenia García Hamilton, vicepresidenta de la Sociedad de Beneficencia de Tucumán. “La semana pasada -agregó- entraron por una sala y despertaron a todas las residentes. Eso es lo peor, que nos hacen pasar un mal momento porque las despiertan a ellas y asustan a las empleadas”.
A lo largo del último año, los ladrones se llevaron escaleras, máquinas para cortar el pasto, chapas, carretillas, palas y rastrillos, entre otras cosas. “Son todos elementos que tenemos que volver a comprar. Lamentablemente esta es una zona que paga las serias consecuencias del ‘paco’. Hace 10 días mataron a un chico y lo despedían a los tiros por la avenida. Estamos expuestos a que nos pase cualquier cosa”, advirtió García Hamilton, tras remarcar que las empleadas del hogar cada tanto llegan golpeadas porque han sido víctimas de un arrebato.
“Para completar, estamos sin teléfono fijo desde hace 15 días y no conseguimos que nos arreglen la línea. Estamos pagando siete líneas en el hogar y están todas sin funcionar”, protestó.
Por último, y casi sin esperanzas de que la situación vaya a mejorar, expresó: “estamos a la buena de Dios; la Policía trata de ayudar en lo que puede pero no dan abasto. El Gobierno se debería hacer cargo de cuidar al ciudadano; creo que nuestros mayores merecen que los cuiden un poco más”.
Empeora de noche
Frente al hogar San Roque, del otro lado de la avenida, el panorama no es más alentador. “Es una zona muy insegura, hay muchos vecinos que pusieron en venta sus casas porque acá no se puede ni salir con los chicos a jugar. Tenemos una plaza acá cerca, pero ahí siempre se están drogando”, contó María José Pérez. “Sin ir más lejos, hoy robaron una moto a la vuelta. Lo que pasa es que los adictos se apoderaron de la zona, parece que se les acaba la droga y ahí nomás salen a robar para comprar más”, lamentó.
Otra vecina, Stella Maris Medina, señaló que el peligro aumenta cuando cae la noche. “Desde las 21.30 es imposible andar afuera. A mí no me pasó, pero sé que asaltan mucho en las paradas del colectivo y a veces se escuchan disparos durante la noche”, agregó la joven desde atrás del enrejado que protege su casa.
Laura y Vanesa son dos jovencitas que atienden una panadería y que pueden dar fe de que la inseguridad reina en la zona. A una de ellas ya la asaltaron tres veces: “una vez me golpearon cuando venía caminando a trabajar y llegué toda morada. Las otras dos veces me apuntaron con un arma acá adentro”, precisó, desde el otro lado del mostrador.
La panadería está llena de cámaras de seguridad, adentro y afuera, pero a los delincuentes parece no importarles. “Y no sólo son los robos -agregaron las jovencitas-, los domingos a la mañana vemos las peleas y los accidentes de quienes vuelven del boliche”.